Botox para tratar la depresión

Botox para tratar la depresión

Es posible, que la FDA conceda muy pronto la aprobación del botox para que lo utilicen los profesionales de la salud mental. El filósofo estadounidense William James propuso en el siglo XIX que eran los cambios corporales, activados por un estímulo los que generaban la emoción y no al contrario. Por ejemplo, si se me acelera el pulso y me sudan las manos, sentiré angustia o temor, en lugar de ser la emoción la que produce estas alteraciones.

En conclusión, al igual que sonreír nos puede ayudar a tener pensamientos más positivos, fruncir el ceño nos puede generar un estado más triste y enfadado. Es aquí donde cobra sentido la aplicación del botox, ya que inyectado en la frente impide que se pueda hacer el gesto de fruncir el ceño y eso acabaría mejorando el ánimo del paciente.

El año pasado, un estudio publicado en la revista Journal of Clinical Psychiatry, puso a prueba esta teoría midiendo los resultados de las inyecciones de botox o de un placebo (solución salina) en 74 pacientes con depresión aguda.

Seis semanas después se observó una mejora de la depresión en un 47% de los individuos a los que se le había inyectado el botox y no podían fruncir el ceño, frente a un 20,6% de los que habían recibido el placebo. También se detectó una correlación entre menor capacidad de fruncimiento y mayor remisión de la depresión.

Son varios los pacientes que aseguran haber notado mejoras, aunque pensando también en los efectos “adictivos” que provoca en algunos esta toxina, quizá es todavía muy pronto para sacar conclusiones firmes.

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